22 de julio de 2026

Piedras Negras: Cuando el chisme se disfraza de noticias

 


Vivimos tiempos profundamente distintos a los de hace apenas unas décadas. La revolución digital transformó la forma en que nos informamos y, sobre todo, quiénes tienen la capacidad de comunicar. Hoy, cualquier persona con un teléfono celular y acceso a internet puede llegar a miles de personas en cuestión de minutos.


El problema comienza cuando la búsqueda de audiencia o de lectores sustituye a la búsqueda de la verdad.


Hoy abundan quienes se autodenominan “periodistas” o crean plataformas de “noticias digitales” sin asumir la enorme responsabilidad que implica informar. Con frecuencia se difunden rumores, versiones sin confirmar, burlas disfrazadas de análisis y acusaciones sin pruebas. En muchos casos, el objetivo ya no es informar, sino generar reacciones, acumular vistas y monetizar la polémica.


Y, desafortunadamente, el modelo funciona.


Las redes sociales premian el escándalo.

Una mentira bien presentada suele recorrer mucho más camino que una verdad cuidadosamente investigada. 


Hay un sector del público que consume ese contenido porque entretiene, porque alimenta el morbo o porque confirma prejuicios, sin detenerse a preguntar si lo que está leyendo tiene sustento o no.


En Piedras Negras este fenómeno es muy evidente. Han surgido numerosas páginas que se presentan como medios de comunicación cuando, en realidad, operan más como espacios de opinión, confrontación o simple espectáculo. Se privilegia el ataque sobre el análisis, el insulto sobre el argumento y la ocurrencia sobre la investigación.


Es imposible ignorar cómo algunos personajes modifican radicalmente su línea editorial dependiendo de su relación con el poder. Mientras reciben beneficios o contratos oficiales, abundan los elogios; cuando éstos desaparecen, comienzan las críticas permanentes. No afirmo que todos los casos respondan a ese patrón, pero existen ejemplos suficientemente evidentes como para despertar legítimas dudas sobre la independencia de ciertos comunicadores.


La crítica al gobierno es indispensable en cualquier democracia. Un periodismo crítico fortalece a la sociedad. Lo que la debilita es la crítica sin pruebas, el ataque personal, la desinformación y el uso del espacio informativo como instrumento de presión o de negociación política.


El verdadero periodismo investiga, verifica, confronta versiones y ofrece contexto. Comete errores, como cualquier actividad humana, pero tiene la obligación ética de corregirlos. Muy distinto es publicar cualquier versión sin confirmar simplemente porque genera tráfico o reacciones en redes sociales.


También preocupa la ausencia de profesionalismo en buena parte de estos espacios. No me refiero únicamente a la formación académica. Existen extraordinarios periodistas que nunca cursaron una licenciatura y, de la misma manera, existen profesionistas titulados que ejercen con poca ética. La diferencia no está en el diploma, sino en el compromiso con la verdad, la preparación, la responsabilidad y el respeto por la información.


Sin embargo, basta recorrer muchas de estas páginas para encontrar publicaciones llenas de errores ortográficos, información imprecisa, titulares engañosos y afirmaciones que jamás son sustentadas con evidencia. Eso termina deteriorando la calidad del debate público y confundiendo a una sociedad que merece información seria y confiable.


Otro aspecto preocupante es que prácticamente cualquiera puede abrir una página, presentarse como medio informativo y emitir acusaciones de cualquier naturaleza sin enfrentar consecuencias inmediatas. La libertad de expresión es un derecho fundamental que debe protegerse, pero también implica una enorme responsabilidad. 


Libertad no significa impunidad para difamar, ofender, agredir, manipular o desinformar.


Al final, la mayor responsabilidad también recae en nosotros como ciudadanos. Mientras sigamos premiando el escándalo por encima de los hechos, compartiendo rumores sin verificarlos y consumiendo información únicamente porque coincide con nuestras simpatías o antipatías políticas, seguiremos fortaleciendo un modelo que recompensa el ruido y castiga el periodismo serio.


Piedras Negras necesita una ciudadanía mejor informada, medios más responsables y comunicadores comprometidos con la verdad, no con el algoritmo. Porque cuando el chisme sustituye a la información y el espectáculo desplaza al periodismo, quien realmente pierde no es un gobierno ni un funcionario: pierde toda la sociedad.


Las sociedades no cambian cuando escuchan lo que quieren oír; cambian cuando se atreven a escuchar la verdad, aunque resulte incómoda.

17 de julio de 2026

Las vegas del Rio Bravo también es P Negras…


Hace unos días fui a pescar al Río Bravo, antes de que ocurriera su reciente desbordamiento. No acostumbro hacerlo en esa zona de la ciudad, pues normalmente visito otros puntos del río, en ranchos de amigos y familiares. Para mí, salir a pescar en solitario es una de las mejores formas de disfrutar la tranquilidad y el contacto con la naturaleza.

En esta ocasión decidí acudir a la vega del río, cerca del campo de los Cougars, y lo que encontré fue verdaderamente desalentador. Basura por todas partes, llantas abandonadas, maleza, botellas y vidrios rotos. Un sitio que podría ser un espacio de convivencia familiar está convertido, lamentablemente, en un lugar que representa riesgos para quienes lo visitan.

Me llamó la atención ver que muchas personas acuden ahí a pescar. Vi parejas, familias e incluso niños disfrutando del río pescando. Precisamente por eso resulta aún más importante que ese espacio reciba la atención que merece.

Esa área también forma parte del municipio. Su limpieza, conservación y vigilancia son responsabilidades de la autoridad. No se trata únicamente de mantener una buena imagen de la ciudad, sino de ofrecer a los ciudadanos lugares seguros y dignos para convivir.

Antes de la crisis migratoria acostumbraba pescar del lado de Eagle Pass, justo frente al área de Venados. Era común ver patrullas realizando recorridos constantes por Shelby Park y observar un mantenimiento permanente de las áreas recreativas, donde cada tarde numerosas familias disfrutaban de la pesca y del río en un ambiente ordenado y limpio.

Hoy esa comparación resulta inevitable. Por ello decidí visitar el lado de Piedras Negras y, debo decirlo con sinceridad, la decepción fue grande.

Estoy convencido de que nuestra ciudad merece espacios públicos a la altura de su gente. Recuperar esa zona no requiere grandes discursos, sino voluntad, organización y trabajo constante. Sería una excelente oportunidad para demostrar que también los pequeños detalles hacen una gran diferencia en la calidad de vida de los nigropetenses.

Ojalá este comentario sea recibido como lo que pretende ser: una observación hecha con respeto y con el deseo genuino de ver una ciudad más limpia, más segura y más orgullosa de sus espacios naturales.

16 de julio de 2026

Nuestros jóvenes políticos…

 Durante muchos años, en Piedras Negras —como en buena parte de Coahuila— la ciudadanía comenzó a expresar un sentimiento cada vez más evidente: era tiempo de renovar la política. Se hablaba del desgaste de los llamados “dinosaurios políticos”, de ciclos que parecían agotados y de la necesidad de abrir espacio a una nueva generación de servidores públicos.

No era un reclamo contra la historia. Sería injusto desconocer que nuestra ciudad ha contado, en diferentes épocas, con administraciones que contribuyeron a su crecimiento y consolidación. Los he reconocido en mis anteriores artículos, opiniones y comentarios. Piedras Negras ha sido, en términos generales, una ciudad que ha sabido avanzar gracias al trabajo conjunto de sus gobiernos, su iniciativa privada y su gente.


Sin embargo, toda sociedad evoluciona. Y cuando eso ocurre, también cambian las expectativas de los ciudadanos.


La exigencia dejó de ser únicamente un relevo de nombres. Lo que realmente pedíamos era una nueva forma de gobernar: funcionarios jóvenes, preparados académicamente, con experiencia profesional, capaces de administrar los recursos públicos con honestidad, eficiencia, transparencia y absoluto respeto a la ley.


Hoy esa nueva generación ya ocupa espacios de decisión.


Ahí están figuras como el presidente municipal, Carlos Jacobo Rodríguez, y también otros jóvenes liderazgos como el de Sonia Villarreal, Daniel Aguilar, Mayra Rubi Rangel, Nicanor Moyeda, Franco Gonzalez y Guillermo Ruiz, quien posiblemente buscará la presidencia municipal en el próximo proceso electoral dentro de un año y medio. 


Más allá de las preferencias políticas de cada ciudadano, es innegable que una nueva generación ha llegado a la vida pública de nuestra ciudad. Y con ella llegan también nuevas responsabilidades.


La juventud, por sí sola, no garantiza buenos gobiernos. Lo que verdaderamente hará la diferencia serán la capacidad, el trabajo diario, la preparación, la sensibilidad para escuchar a la ciudadanía y, sobre todo, la honestidad para ejercer el servicio público.


Los ciudadanos tenemos todo el derecho —y también la obligación— de exigir resultados. Debemos pedir gobiernos transparentes, eficientes, cercanos a la gente y capaces de cumplir los compromisos que hicieron durante las campañas. La crítica responsable siempre será necesaria en una democracia.


Pero también debemos reconocer cuando las cosas se hacen bien.


No podemos caer en la costumbre de señalar únicamente los errores e ignorar los aciertos. Una ciudadanía madura exige, sí, pero también sabe reconocer el esfuerzo, impulsar las buenas decisiones y respaldar aquellos proyectos que benefician al interés colectivo.


Porque el futuro de Piedras Negras no depende únicamente de quienes ocupan un cargo público.También depende de nosotros.


De participar, de proponer, de cuidar nuestra ciudad, de respetar las leyes, de involucrarnos en los asuntos públicos y de entender que el desarrollo de una comunidad nunca es responsabilidad exclusiva de un gobierno.


Todos dijimos que queríamos una nueva generación de políticos. Hoy esa generación ya está aquí.


Ahora les corresponde demostrar que la confianza que muchos ciudadanos depositaron en ellos estaba bien fundada. Y a nosotros nos corresponde vigilarlos con objetividad, exigirles con firmeza y apoyarlos cuando sus acciones realmente beneficien a Piedras Negras.


Porque al final, más allá de partidos, colores o ideologías, todos deberíamos perseguir el mismo objetivo: construir una ciudad más fuerte, más ordenada, más competitiva y con mejores oportunidades para las nuevas generaciones.


Tal vez la gran lección de este momento político sea que ninguna ciudad se transforma únicamente cambiando nombres en las boletas. Las ciudades cambian cuando quienes gobiernan entienden la responsabilidad histórica que recibieron y cuando los ciudadanos dejan de ser simples espectadores para convertirse en participantes activos de su propio destino.


Piedras Negras ha demostrado muchas veces que sabe levantarse, crecer y mirar hacia adelante. Hoy vuelve a tener una oportunidad. Los jóvenes que llegaron al gobierno deben aportar ideas, preparación y resultados. Los ciudadanos debemos aportar vigilancia, participación y sentido de comunidad.


Ojalá que dentro de algunos años podamos mirar atrás y decir que aquella renovación generacional no fue solo un cambio de edades, sino el inicio de una etapa de mayor capacidad, mayor honestidad y mayor amor por nuestra ciudad.


Porque al final, el verdadero triunfo no será de un partido ni de un político. El verdadero triunfo será que Piedras Negras sea una mejor ciudad para todos.

12 de julio de 2026

Se Necesita mas que buenos deseos…


Algo tenemos que hacer —y hacerlo ya— para sacar a Piedras Negras del bache social donde llevamos rato atorados. Porque sí en lo industrial y comercial el panorama es alentador, en lo social estamos —según mi apreciación— muy mal.

Hace décadas, cuando éramos menos, había más. Más cercanía, más respeto, más voluntad de ayudar sin esperar algo a cambio. En aquel Piedras Negras de calles tranquilas y gente conocida, las clases sociales se cruzaban con naturalidad. Y si alguien caía, sobraban manos para levantarlo. Lo curioso —y admirable— es que muchos de los que hoy son apellidos distinguidos salieron adelante gracias a las oportunidades que les brindaron los comerciantes y empresarios de antaño. 


Las anécdotas sobran.


Aquellos hombres del pasado, que formaron nuestra ciudad no necesitaban de clubes para ayudar, ni desayunos públicos para aparecer en la foto. Ayudaban de corazón, y punto. Por eso la gente los quiso, los respetaba y los sigue recordando con cariño. Supieron sembrar… y sus frutos aún nos alcanzan.


Hoy, más que nunca, Piedras Negras necesita personajes así. Líderes con valores, con palabra, con convicción. 


Actualmente hay clubes, asociaciones, comités de todos los días de la semana —el de los jueves, el de los martes, el del cafecito— que se reúnen, proyectan, planean… pero todo se queda en la sala de juntas, en el restaurante, entre la servilleta y la taza de café. Proyectos que nacen en el desayuno y mueren ahí mismo, cuando alguien mira el reloj y dice: “¡me tengo que ir!”.


No dudamos de sus buenas intenciones. Pero son gestiones aisladas, dispersas, desorganizadas. Hay demasiada gente hablando en entrevistas y muy poca concretando. Lo triste es que muchas veces los que tienen el poder de decisión, la influencia o el dinero, son también los más ausentes. Los que podrían decir “sí”… tacañean ese “sí” como si fuera una limosna.


Un ejemplo; en la reciente inundación de nuestra ciudad solo se vieron a los partidos políticos, del gobierno estatal y municipal ayudando a la gente de las colonias. No se vieron organizaciones privadas ayudando a la gente que lo perdió todo.


Pero no todo es crítica. Hay excepciones, y hay que decirlo. Lo hacen porque creen en nuestra comunidad, a los que mas necesitan y porque respetan a la familia y porque sienten orgullo de servir. Muchos de ellos son amigos, familiares incluso, y me honra decirlo. Porque su compromiso no es de temporada: es de conciencia.


¿Queremos crecer como comunidad? Entonces hay que bajarle a la soberbia.


El día que dejemos de vernos por encima del hombro, el día que en misa demos la paz con sinceridad, sin voltear desesperadamente para saludar al político en turno, ese día empezaremos a crecer de verdad.


El día que saludemos con la misma emoción al que reparte hojitas en la entrada del templo que al empresario encumbrado o al obispo, ese día Piedras Negras será el pueblo que todos decimos amar, pero que pocos ayudamos a construir.


Porque las ciudades no se transforman con discursos ni con eslóganes. Tampoco con fotografías en los eventos sociales o con promesas que se repiten cada tres años. Las ciudades cambian cuando sus habitantes y sus gobernantes entienden que el bienestar común también es responsabilidad propia.


Necesitamos volver a ser una comunidad. Volver a conocernos. Volver a preocuparnos por el vecino. Volver a enseñarles a nuestros hijos que el respeto vale más que la apariencia, que la palabra vale más que el dinero y que tender la mano nunca empobrece a nadie.


Piedras Negras no necesita más buenos deseos. Necesita voluntad. Necesita liderazgo. Necesita ciudadanos comprometidos. Necesita hombres y mujeres que estén dispuestos a servir sin esperar reconocimiento y a trabajar sin esperar aplausos.


Porque la grandeza de esta tierra nunca ha estado en los edificios que levantamos ni en las inversiones que llegan. La verdadera riqueza de Piedras Negras siempre ha sido su gente.

Aquella gente que construyó escuelas, Casa de la Cultura, templos, negocios y familias enteras cuando había menos recursos, pero más solidaridad. Aquella generación que entendía que el éxito personal tenía sentido solamente cuando servía para ayudar a otros a salir adelante.


Todavía estamos a tiempo de recuperar algo de ese espíritu.

Todavía estamos a tiempo de volver a ser el pueblo generoso, trabajador y unido que muchos recordamos con cariño.


Pero el tiempo corre.


Si seguimos esperando que alguien más haga lo que nos corresponde a todos, un día despertaremos en una ciudad más grande, más moderna y más próspera, sí… pero también más fría, más indiferente y más distante.


Y entonces entenderemos, demasiado tarde, que lo que perdimos no fue el progreso. Fue el alma de Piedras Negras.

8 de julio de 2026

Bienvenidos!…


En Piedras Negras, cada generación de egresados profesionistas llega con la misma mezcla: entusiasmo, nervios y una buena dosis de expectativas. Y está bien. Es parte del proceso. Pero también es momento de hablar con claridad.

Jovenes; su etapa de estudiante ha  terminado.


Las mochilas, los cuadernos, las desveladas por exámenes y las risas en el pasillo deben quedarse como buenos recuerdos. Lo que sigue exige algo distinto: preparación real, disciplina, carácter y una actitud seria ante la vida profesional.


Porque aquí, afuera, las cosas no funcionan como en la escuela.


En el trabajo no importan las “bolitas de amigos”, ni las ocurrencias, ni las excusas. Importan los resultados. Importa la puntualidad. Importa el respeto. Y sobre todo, importa la capacidad de resolver.


Muchos se darán cuenta —quizá tarde— que aquellos profesores que cuestionaban, exigían y presionaban, no eran sus enemigos. Eran el primer filtro de una realidad que hoy les toca enfrentar sin intermediarios.


Ahora tendrán jefes. Y esos jefes no califican con intención formativa: califican con base en productividad. Si cumples, te quedas. Si no, te vas.


Así de claro.


Antes de salir a buscar trabajo, conviene hacerse algunas preguntas incómodas:

¿Sé explicar por qué elegí mi carrera?

¿Puedo decir con claridad qué sé hacer?

¿Estoy preparado para una entrevista formal?

¿Sé comunicarme con respeto y seguridad?


Si la respuesta es dudosa, hay trabajo por hacer. Mucho.


Hace tiempo, en una oficina local, una estudiante próxima a egresar no supo responder dos preguntas básicas sobre su formación en una entrevista de trabajo. No era falta de inteligencia, era falta de enfoque. Y ese es un error que el mundo laboral no perdona con facilidad.


Porque aquí no basta con “tener ganas”.


Al inicio, la actitud abre puertas. Pero muy pronto llegará la exigencia de resultados. Las empresas, los consultorios y los talleres no son centros de formación; son espacios donde se espera que cada persona aporte valor. Si no lo haces, alguien más lo hará.


Piedras Negras necesita profesionistas preparados. No improvisados.

Necesita jóvenes que entiendan que el crecimiento no es automático, que se construye con constancia, responsabilidad y criterio.


Los amigos se conservan, claro. Pero el trabajo no es extensión de la escuela. Es otro terreno, con reglas claras.


Y hay que decirlo sin rodeos: la imagen también cuenta.

La forma de vestir, de hablar, de conducirse… todo comunica e importa. Profesionalismo no es rigidez, pero tampoco es descuido.


Traigan su energía, su entusiasmo, sus ideas. Eso hace falta. Pero acompáñenlo con seriedad y compromiso.


Porque este ya no es un recreo.


Es el mundo real.


Y aquí, cada quien avanza según lo que sabe hacer… y lo que está dispuesto a demostrar.


Bienvenidos!