11 de septiembre de 2026

Persiguiendo un fantasma…

El béisbol es mi pasión y me gusta compartir historias y anécdotas interesantes como la que abajo escribí hace tiempo. 


Muchos han visto la película sobre los 61 jonrones que conecto Maris para romper el record de Babe Ruth. 


Pero en esta historia eso no es lo importante. 


En esta historia lo importante es la amistad, el respeto y la fidelidad.


Ojala les guste…


Persiguiendo un fantasma…


Hubo un verano en Nueva York en el que dos compañeros de equipo comenzaron a perseguir un fantasma.


Un fantasma llamado Babe Ruth.


Era 1961 y los Yankees tenían en sus filas a dos hombres muy distintos: Mickey Mantle, el muchacho de Oklahoma que parecía haber nacido para jugar béisbol, y Roger Maris, un hombre serio, reservado, de pocas palabras, que no buscaba reflectores.


Los dos comenzaron a pegar jonrones.


Y entonces ocurrió algo que nadie había planeado: comenzaron a acercarse peligrosamente a los 60 cuadrangulares que Babe Ruth había conseguido en 1927.


La prensa encontró una historia perfecta.


“Mantle contra Maris.”


Nueva York necesitaba un duelo y se lo inventó.


Pero dentro del clubhouse la historia era diferente.


Mickey y Roger no eran enemigos. Eran compañeros.


Y con el paso de los meses comenzaron a compartir algo que solamente quienes han estado bajo una presión extraordinaria pueden comprender: el peso de saber que millones de personas están esperando que falles.


Mantle estaba acostumbrado a la fama. Desde muy joven había sido señalado como el heredero de Ruth y DiMaggio. La gente lo adoraba y los periodistas lo seguían a todas partes.


Maris era diferente.


La atención lo incomodaba.


Mientras Mickey podía bromear con los reporteros, Roger prefería mantenerse apartado. Cada jonrón aumentaba la presión y cada día sin conectar uno parecía convertirse en noticia.


Y entonces apareció la crueldad de los números.


El récord de Ruth parecía intocable.


Sesenta jonrones.


Sesenta.


Durante 34 años nadie había conseguido acercarse realmente.


Ahora había dos Yankees persiguiéndolo.


El verano avanzaba y el Yankee Stadium comenzó a convertirse en una especie de escenario de cacería.


Cada turno de Mantle.


Cada turno de Maris.


Cada pelota que viajaba hacia las tribunas.


Cada vez que uno de ellos se quedaba en cero, la prensa hacía cuentas.


Mickey entendió que Roger estaba sufriendo.


Y lejos de verlo como competencia, trató de ayudarlo.


Entre los dos había una complicidad sencilla, casi silenciosa.


Se apoyaban.


Se felicitaban.


Compartían la tensión.


Y cuando Mantle comenzó a tener problemas físicos, la carrera prácticamente quedó en manos de Maris.


Roger siguió bateando.


Y bateando.


Hasta que llegó aquel día.


1 de octubre de 1961.


En el último partido de la temporada, Roger Maris conectó su jonrón número 61.


Había hecho lo que parecía imposible.


Había superado a Babe Ruth.


Pero lo que sucedió después es quizá más importante que el jonrón.


Maris no salió corriendo a buscar la gloria.


No hubo una celebración arrogante.


Había sido un hombre que durante meses había soportado una presión enorme.


Y detrás de aquel número 61 estaba también Mickey Mantle.


Porque durante buena parte de aquella temporada habían sido dos hombres persiguiendo el mismo sueño.


Uno llegó primero.


El otro quedó atrás.


Pero no hubo rencor.


Mantle se alegró sinceramente por su compañero.


Con el tiempo, aquella temporada sería recordada como una de las grandes historias del béisbol.


Y también como una historia de amistad.


Porque mientras los periódicos hablaban de una competencia, Mickey y Roger sabían que habían vivido algo que solamente ellos podían entender.


Habían perseguido juntos a Babe Ruth.


Y eso los unió para siempre.


Hoy, cuando uno mira aquellas fotografías en blanco y negro, resulta difícil no sentir cierta nostalgia.


Los uniformes parecían más sencillos.


Los estadios tenían otra personalidad.


Los jugadores parecían más cercanos a la gente.


Y el béisbol todavía tenía algo de oficio, de ritual y de tradición.


Mickey Mantle y Roger Maris ya no están aquí.


Tampoco está aquel Nueva York de 1961.


Pero cada vez que alguien menciona los 61 jonrones de Roger Maris, inevitablemente aparece también el nombre de Mickey Mantle.


Porque aquel récord no fue solamente la historia de un hombre.


Fue la historia de dos compañeros que durante un verano persiguieron juntos un sueño que pertenecía al más grande de todos.


Y quizá por eso, después de tantos años, aquella temporada sigue teniendo un lugar especial en la memoria del béisbol.


Porque los récords se escriben en los libros.


Pero las amistades se quedan en la memoria.

6 de septiembre de 2026

Viva Mexico! 🇲🇽

 


En estos días, a propósito del mes patrio y que se acerca el 15 de septiembre, he leído y escuchado a muchos decir que no tenemos nada que celebrar. Que los problemas del país son tantos que no hay motivo para festejos; que la decepción por los gobiernos ni se antoja celebrar o que, aprovechando el puente, será mejor cruzar la frontera para irnos de compras con la familia.

¿De verdad no tenemos nada que celebrar?


Pienso entonces en aquellos hombres y mujeres que, hace más de doscientos años, salieron de sus casas dejando atrás familia, tranquilidad y muchas veces hasta la certeza de volver con vida. 


Ellos también tuvieron miedo y decepciones. 


También vivieron tiempos difíciles, injusticias, pobreza y enormes incertidumbres. Pero aún así, decidieron luchar por algo que nosotros hoy damos por hecho: libertad.


Quizá por eso creo que debemos aprender a separar nuestras decepciones de nuestro amor por México.


Podemos estar inconformes con nuestros gobernantes, podemos señalar sus errores, exigirles resultados y reclamar aquello que no están haciendo bien. Podemos incluso sentirnos decepcionados de muchas cosas que ocurren en nuestro país. Pero una cosa es cuestionar a quienes gobiernan y otra muy distinta dejar de querer a la tierra que nos vio nacer.


Por eso, este mes de Septiembre y precisamente este 15 de septiembre yo sí voy a celebrar.


Voy a celebrar que vivo en un país donde podemos elegir a nuestros gobernantes; donde podemos votar por quien queramos, podemos decir y escribir lo que nos de la gana y donde tenemos el derecho de exigirle fuerte a quien resulte electo que cumpla con su deber.


Voy a honrar nuestra bandera y sentir orgullo al verla ondear allá en la Gran Plaza.


Y, por supuesto, haré una carne asada. Bueno; varias.

Prepararé mi pico de gallo, así sencillito, nomas con chile, tomate y cebolla, porque hasta en esas pequeñas cosas encuentro los colores de nuestra bandera. Y pondré mi música de mariachi a todo volumen, para escuchar esos violines, las trompetas y el guitarrón que tienen una manera muy nuestra de meterse en el corazón.


Y seguramente, entre un tequila y otro, brindaré.


Brindaré por México.


Por el México que conocieron mis padres y mis abuelos. Por el México de mi infancia, de mis amigos, de mis recuerdos y de tantas historias que llevo conmigo. Por las calles que recorrí de niño, por aquellos que se quedaron en el camino, por los que todavía están y por las nuevas generaciones que algún día tendrán que tomar en sus manos este país que nosotros les estamos dejando.


Brindaré por el México que tenemos y también por el México que soñamos.


Porque sí, tenemos problemas. Muchos.

Pero México no son sus problemas.


México es su gente.

Es su historia.

Es su música.

Es su comida.

Es su bandera.

Es la voz de una madre llamando a sus hijos a la mesa.

Es el abrazo de la familia.

Es el amigo que llega a nuestra casa.

Es una carne asada al caer la tarde.

Es un mariachi y un acordeón tocando una canción que nos hace recordar a alguien.

Es la nostalgia que sentimos cuando estamos lejos.


México es todo aquello que llevamos dentro y que, por más lejos que vayamos, nadie puede quitarnos.


Por eso este 15 de septiembre, cuando escuche el grito de ¡Viva México!, no voy a pensar solamente en lo que nos falta.


Voy a pensar en todo lo que somos.


Y voy a gritarlo con orgullo, con respeto y con el corazón lleno de recuerdos:


¡Viva México!🇲🇽 


Porque a pesar de todo, y precisamente por todo lo que hemos vivido…


México sigue siendo el país más hermoso del mundo.