29 de marzo de 2026

Como Adelita de desfile…


Se ven muy formales nuestros políticos en estos días. De verdad, están como para exportación. Traje planchado, sonrisa ensayada y agenda llena. Andan atareadísimos, activos, serviciales… tan aplicados que hasta provocan una mezcla curiosa entre asombro y sospecha.


Bien vestiditos y mejor peinaditos, siempre disponibles —faltaba más— para la entrevista oportuna, el saludo preciso y la foto bien encuadrada. Los medios, atentos como buenos compañeros de baile, no pierden el paso en estas fiestas políticas donde todos parecen saber perfectamente la coreografía. Y las sonrisas… ¡qué bárbaro! Tan amplias y relucientes que pondrían en aprietos a cualquier anuncio de pasta dental.


La estrategia es sencilla y efectiva: hay que estar donde haya gente. Donde se vea, donde se note, donde se aplauda. En el desayuno de moda, en la misa de doce en la Catedral, en el evento social más concurrido o en la esquina donde se junte el gentío. Ahí llegan, puntuales, a ofrecer su mejor perfil, su sonrisa más sincera —o la mejor lograda— y a repartir saludos como adelitas en desfile: con gracia, disciplina y una práctica que ya quisieran muchos.


La ciudad entera se convierte en pasarela. Vas al Barrokas y ahí están. Te das una vuelta por el Charcoal o al Republica, y ahi están. Pasas por La Estancia, y no fallan. Cambias de escenario, te metes a la lucha libre… y en primera fila. Vas a disfrutar conjuntos norteños y entre acordeón y acordeón, aparecen como por arte de magia, para bañarse de pueblo. Te lanzas al béisbol… y claro, también están con cachucha nueva del equipo campeón de la Serie Mundial aunque no sepan con cuantos outs se acaba una entrada.


Como dicen en el rancho: están en todas las sopas.


Y sí, lo sabemos. Es temporada de baño de pueblo, de abrazos generosos y de convivios donde haya mucha grnte. La cercanía, de pronto, se vuelve virtud indispensable.


Mientras tanto, el ambiente político municipal se calienta como comal en domingo. Que si lo que queda del PAN se jalan de la greña mientras “concilián”, que si a los de MORENA les madrugaron la decisión, que si el PRI anda buscando la fórmula que no encuentra, y que si el independiente… bueno, el independiente sigue haciendo cuentas sin saber con cuántas tortillas llena.


La verdad, uno termina medio mareado. 


Pero hay algo que sí queda claro: el político, como buen profesionista de la carrera pública, le guarda lealtad al partido… mientras le conviene. Porque cuando se trata de subir un escalón más, la camiseta resulta ser prenda bastante intercambiable. Ahí están los casos: los que cambian de colores porque no los tomaron en cuenta, o el que ya tiene maleta lista por si otro partido le ofrece mejor escenario.


“La danza de la política municipal”, “el mercado de valores partidista”… llámele como quiera, pero es el espectáculo de moda en el pueblo. Y no se sorprenda si, antes de que arranquen las campañas, los espectaculares brotan por toda Piedras Negras como flores de temporada, presumiendo logros que —casualmente— siempre aparecen en época electoral. Publicidad abundante, vistosa… y pagada, como siempre, con el esfuerzo de todos, porque de las bolsas de los candidatos no sale ni un peso.


Así es esto de la política a la mexicana: alegre, vistosa, ingeniosa, marrullera… y, a veces, demasiado parecida a un desfile donde lo importante no es avanzar… pa’ delante.

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