Algo tenemos que hacer —y hacerlo ya— para sacar a Piedras Negras del bache social donde llevamos rato atorados. Porque sí en lo industrial y comercial el panorama es alentador, en lo social estamos —según mi apreciación— muy mal.
Hace décadas, cuando éramos menos, había más. Más cercanía, más respeto, más voluntad de ayudar sin esperar algo a cambio. En aquel Piedras Negras de calles tranquilas y gente conocida, las clases sociales se cruzaban con naturalidad. Y si alguien caía, sobraban manos para levantarlo. Lo curioso —y admirable— es que muchos de los que hoy son apellidos distinguidos salieron adelante gracias a las oportunidades que les brindaron los comerciantes y empresarios de antaño.
Las anécdotas sobran.
Aquellos hombres del pasado, que formaron nuestra ciudad no necesitaban de clubes para ayudar, ni desayunos públicos para aparecer en la foto. Ayudaban de corazón, y punto. Por eso la gente los quiso, los respetaba y los sigue recordando con cariño. Supieron sembrar… y sus frutos aún nos alcanzan.
Hoy, más que nunca, Piedras Negras necesita personajes así. Líderes con valores, con palabra, con convicción.
Actualmente hay clubes, asociaciones, comités de todos los días de la semana —el de los jueves, el de los martes, el del cafecito— que se reúnen, proyectan, planean… pero todo se queda en la sala de juntas, en el restaurante, entre la servilleta y la taza de café. Proyectos que nacen en el desayuno y mueren ahí mismo, cuando alguien mira el reloj y dice: “¡me tengo que ir!”.
No dudamos de sus buenas intenciones. Pero son gestiones aisladas, dispersas, desorganizadas. Hay demasiada gente hablando en entrevistas y muy poca concretando. Lo triste es que muchas veces los que tienen el poder de decisión, la influencia o el dinero, son también los más ausentes. Los que podrían decir “sí”… tacañean ese “sí” como si fuera una limosna.
Un ejemplo; en la reciente inundación de nuestra ciudad solo se vieron a los partidos políticos, del gobierno estatal y municipal ayudando a la gente de las colonias. No se vieron organizaciones privadas ayudando a la gente que lo perdió todo.
Pero no todo es crítica. Hay excepciones, y hay que decirlo. Lo hacen porque creen en nuestra comunidad, a los que mas necesitan y porque respetan a la familia y porque sienten orgullo de servir. Muchos de ellos son amigos, familiares incluso, y me honra decirlo. Porque su compromiso no es de temporada: es de conciencia.
¿Queremos crecer como comunidad? Entonces hay que bajarle a la soberbia.
El día que dejemos de vernos por encima del hombro, el día que en misa demos la paz con sinceridad, sin voltear desesperadamente para saludar al político en turno, ese día empezaremos a crecer de verdad.
El día que saludemos con la misma emoción al que reparte hojitas en la entrada del templo que al empresario encumbrado o al obispo, ese día Piedras Negras será el pueblo que todos decimos amar, pero que pocos ayudamos a construir.
Porque las ciudades no se transforman con discursos ni con eslóganes. Tampoco con fotografías en los eventos sociales o con promesas que se repiten cada tres años. Las ciudades cambian cuando sus habitantes y sus gobernantes entienden que el bienestar común también es responsabilidad propia.
Necesitamos volver a ser una comunidad. Volver a conocernos. Volver a preocuparnos por el vecino. Volver a enseñarles a nuestros hijos que el respeto vale más que la apariencia, que la palabra vale más que el dinero y que tender la mano nunca empobrece a nadie.
Piedras Negras no necesita más buenos deseos. Necesita voluntad. Necesita liderazgo. Necesita ciudadanos comprometidos. Necesita hombres y mujeres que estén dispuestos a servir sin esperar reconocimiento y a trabajar sin esperar aplausos.
Porque la grandeza de esta tierra nunca ha estado en los edificios que levantamos ni en las inversiones que llegan. La verdadera riqueza de Piedras Negras siempre ha sido su gente.
Aquella gente que construyó escuelas, Casa de la Cultura, templos, negocios y familias enteras cuando había menos recursos, pero más solidaridad. Aquella generación que entendía que el éxito personal tenía sentido solamente cuando servía para ayudar a otros a salir adelante.
Todavía estamos a tiempo de recuperar algo de ese espíritu.
Todavía estamos a tiempo de volver a ser el pueblo generoso, trabajador y unido que muchos recordamos con cariño.
Pero el tiempo corre.
Si seguimos esperando que alguien más haga lo que nos corresponde a todos, un día despertaremos en una ciudad más grande, más moderna y más próspera, sí… pero también más fría, más indiferente y más distante.
Y entonces entenderemos, demasiado tarde, que lo que perdimos no fue el progreso. Fue el alma de Piedras Negras.
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