Cada elección vuelve a dejarnos la misma sensación: promesas grandilocuentes, discursos repetidos, acarreados con lonches y candidatos que aseguran tener la solución para todo mientras bailan ridículamente en los mitines y cierres de campaña.
En estos procesos electorales para diputados locales en Coahuila, no fue diferente. Desde el PRI hasta el PAN, Morena, los partidos pequeños y los llamados independientes, todos terminaron ofreciendo prácticamente lo mismo. Y ahí es donde nace el desencanto de muchos ciudadanos.
Ahora viene la pregunta que muchos se hacen: ¿por quién voto?
Antes que nada, hay algo que debemos tener claro. Hay que salir a votar. Eso si. Es un derecho, una obligación cívica y una responsabilidad con nuestra comunidad. Cada quien debe ejercer su voto con libertad y con conciencia.
Pero también hay que hablar con honestidad.
Quien resulte ganador en el Distrito 02 de Coahuila no llegará al Congreso a representar únicamente a Piedras Negras. La realidad política nos ha demostrado una y otra vez que los diputados terminan votando en bloque, siguiendo las instrucciones de sus partidos y de sus coordinadores parlamentarios (como lo hacen los regidores de Piedras Negras, válgame la odiosa comparación)
Así funciona el sistema.
Cuando llegue el momento de levantar la mano para aprobar o rechazar una iniciativa importante, difícilmente estarán preguntándole a los vecinos de la San Joaquín, de la Roma, de la Periodistas, de Río Escondido, de El Cenizo, de La Navaja o de El Centinela qué opinan. Las decisiones se toman dentro de los partidos y generalmente responden a intereses políticos antes que a las necesidades de los ciudadanos. Así de claro.
Podrá sonar duro, pero es la realidad que hemos visto durante décadas.
Durante las campañas escuchamos propuestas de todos los colores. Sin embargo, muchas de ellas ni siquiera corresponden a las facultades reales de un diputado local. Prometieron obras, seguridad, desarrollo económico, empleo, infraestructura y una larga lista de compromisos que, en muchos casos, dependen más del Poder Ejecutivo que del Legislativo.
Los ciudadanos debemos informarnos para saber exactamente qué puede y qué no puede hacer un diputado.
Y aquí viene una verdad incómoda.
La experiencia nos ha enseñado que muy pocos cumplen lo que prometen durante las campañas. No es algo exclusivo de un partido; ocurre en todos. Pasan las elecciones, llegan los cargos, y muchas de aquellas promesas quedan archivadas junto con los espectaculares y los volantes.
Basta revisar la historia reciente del Distrito 02. Son muchos los candidatos que han pasado por el Congreso y muy pocos pueden presumir haber cumplido tan siquiera una minima parte de lo que ofrecieron cuando pidieron el voto.
Ya tengo definido mi voto, pero no porque crea que alguien va a cumplir todo lo que prometió. No porque piense que alguno va a transformar la realidad de nuestro distrito de la noche a la mañana. Voy a votar por mi derecho y obligación ciudadana, no porque les crea las mil promesas a los candidatos. Tengo la ilusión, eso si, de que será un buen diputado y que velará por nuestro bienestar.
Ilusión; así de simple.
Y respeto profundamente a quien piense distinto. Si alguien quiere votar por MORENA, que vote por MORENA. Si quiere hacerlo por el PRI, pues que vote por el PRI. Si prefiere al PAN, a al independiente o a cualquier otra opción, está en todo su derecho.
Nadie echa a perder su voto cuando vota conforme a su conciencia. Lo que sí echamos a perder es nuestra responsabilidad ciudadana cuando dejamos que otros decidan por nosotros.
Por eso, más allá de colores, siglas y discursos, salgamos a votar. Hagámoslo informados. Y, después de votar, no soltemos la vigilancia. La democracia no termina en la urna; empieza ahí. Porque un voto consciente puede cambiar una elección, pero una ciudadanía atenta puede cambiar un gobierno.
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