Me gusta mucho ver el trabajo que realiza mi amigo el Dr. Armando Ramos.
Mando tiene además la generosidad de compartirlo con nosotros. No solamente nos muestra sus fotografías; también nos cuenta qué lente utilizó, qué abertura, qué luz encontró y todos esos detalles que hay detrás de una buena imagen.
Y eso también es de agradecerse.
Porque cuando alguien comparte con nosotros aquello que le apasiona, de alguna manera también nos invita a disfrutarlo.
Siempre he pensado que cuando uno se jubila, no significa que deba jubilarse de la vida.
Al contrario.
Creo que es precisamente entonces cuando debemos darnos la oportunidad de desarrollar aquellas actividades que nos gustan, que nos apasionan y que quizá durante nuestros años de trabajo no tuvimos tiempo de realizar.
Tengo amigos que ya retirados siguieron jugando béisbol o softbol. Y qué bueno que lo hacen.
Además de ser el deporte de mis amores y de ayudarnos a mantenernos activos, está todo lo que viene alrededor: la convivencia, las reuniones con los amigos, las bromas, las pláticas, los recuerdos y, por supuesto, esas discusiones sobre quién realmente sabe jugar y quién solamente cree que sabe.
Todo eso nos mantiene activos.
Nos mantiene vivos.
Y, sobre todo, nos mantiene con ilusión.
También está el caso del Ing. Morris Libson, quien, además de sus múltiples responsabilidades y las actividades que desarrolla, dedica buena parte de su tiempo a promover el deporte infantil y, particularmente, el béisbol infantil, tanto en Piedras Negras como en Eagle Pass.
La labor del Inge merece mucho reconocimiento.
Los resultados están ahí, son palpables y nos llenan de orgullo.
Eagle Pass logró el campeonato mundial de la Liga Babe Ruth. Sí, campeonato mundial, así como lo leen.
Y Morris fue parte muy importante en la organización del evento que se llevó a cabo en ese excelente complejo deportivo de nuestra vecina ciudad.
Eso también es mantenerse activo.
Pero, más importante todavía, es seguir aportando algo a los demás.
Y cómo no mencionar la pasión por la pesca de algunos de mis amigos, especialmente la del Dr. Gabriel González Guajardo.
Esa afición por salir al campo, estar cerca del agua, disfrutar de la naturaleza y compartir después las experiencias —y algunas veces exagerar un poquito el tamaño del pescado— también es una manera maravillosa de seguir disfrutando la vida.
Porque no siempre se trata de regresar con el robalo más grande. A veces basta con haber pasado un buen día con los amigos disfrutando de su retiro.
También está Praxedis Gamiño, músico, amigo muy querido y conocido por mucha gente de nuestra ciudad, quien todavía se reúne con sus compañeros para tocar los instrumentos que tanto disfrutan.
Se reúnen para recordar, para compartir y para disfrutar de su música y de sus talentos. Y lo mejor de todo es que esa música no se queda entre ellos.
También la comparten con los demás.
Mi compadre, el Dr. Ángel Humberto García Reyes, es otro gran ejemplo e inspiración.
Su pasión por la charrería y la guitarra no solamente la disfruta él; ha sabido inculcarla a sus hijos y seguramente llegara hasta sus nietos.
Y eso, para mí, tiene un valor especial.
Porque cuando una afición se convierte en una tradición familiar, deja de ser solamente un gusto personal y se transforma en parte de nuestra historia.
También hay amigos jubilados cuya principal afición es su familia.
Quizá durante muchos años el trabajo los tuvo tan absortos que no pudieron dedicarles todo el tiempo que hubieran querido. Ahora aprovechan cualquier oportunidad para estar con ellos.
Un cumpleaños, una comida, una reunión, un paseo o simplemente sentarse a platicar.
Y se entregan a esos momentos con la misma emoción con la que otros celebran haber sacado el robalo más grande, tomado la mejor fotografía, tocado la mejor canción o logrado la más elegante mangana.
Tal es el caso de mi estimado Francisco Orozco, quien aprovecha cualquier detalle para estar ahí con los suyos.
Presente. Siempre presente.
Y eso también es una forma de vivir la jubilación.
Todos ellos me inspiran.
Todos ellos, cada uno a su manera, nos están demostrando algo muy sencillo:
Hay que seguir activos.
Por supuesto, la familia siempre será lo primero.
Los hijos, los nietos, los amigos de toda la vida y esas personas que han caminado con nosotros durante tantos años ocupan un lugar muy especial en nuestra vida.
Pero también debemos aprender a darnos tiempo.
Tiempo para nosotros.
Tiempo para disfrutar.
Tiempo para hacer aquello que durante muchos años no pudimos hacer porque teníamos que trabajar, cumplir responsabilidades y sacar adelante a nuestra familia.
Querernos un poco más.
Disfrutar.
Reír.
Recordar.
Salir.
Aprender.
Hacer aquello que nos gusta.
Y qué mejor que hacerlo con actividades que nos apasionan y que, además, nos permiten convivir con los amigos y mantenernos activos.
Por eso admiro y respeto a todos esos amigos que, después de tantos años de trabajo, siguen teniendo inquietudes, proyectos y pasiones.
A los que juegan béisbol o softbol.
A los que salen a pescar.
A los que toman una cámara y salen a buscar una imagen.
A los que promueven el deporte infantil.
A los que hacen música.
A los que escriben y disfrutan de la lectura.
A los que disfrutan de la charrería.
A los que dedican su tiempo a sus hijos y a sus nietos.
Y a los que simplemente encuentran una razón para levantarse cada día con entusiasmo.
A todos mis amigos de nuestra generación, jubilados o ya adultos mayores, que siguen activos en aquello que les gusta, les mando un saludo muy afectuoso.
Y les digo algo que quizá todos sabemos, pero que nunca está de más recordar:
Sigamos haciendo lo que nos gusta. Sigamos creando recuerdos.
Sigamos compartiendo nuestras aficiones, nuestro arte, nuestra música, nuestras fotografías, nuestras historias y nuestros recuerdos.
Sigamos buscando motivos para levantarnos del sillón, apartarnos de la televisión y salir de casa, para encontrarnos con los amigos, para aprender algo nuevo o simplemente para disfrutar una buena conversación.
Porque mientras tengamos algo que nos apasione, algo que compartir y amigos con quienes hacerlo, seguiremos teniendo motivos para esperar con ilusión el día de mañana.
La edad nos podrá quitar algunas cosas.
Eso es inevitable.
Pero nunca debería quitarnos las ganas de vivir.
Porque jubilarse del trabajo es una etapa de la vida.
Jubilarse de vivir, eso sí, no debería estar nunca en nuestros planes.
Sigamos activos, entonces.
Con respeto.
Con cariño.
Con amistad.
Con nuestros recuerdos a cuestas, pero también con nuevas historias por contar.
Y, sobre todo, con esa pasión que nos recuerda que todavía tenemos mucho por disfrutar…
y mucho más por compartir.
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