Qué lejos quedaron aquellos tiempos en que la política todavía conservaba algo de dignidad, de respeto y hasta de amor verdadero por la ciudad.
Hoy hemos caído en la triste época del populismo barato, de las campañas convertidas en espectáculos de circo, donde los candidatos creen que bailar cumbias en los mitines, regalar dinero, lonches o desatar ofensas contra sus adversarios es hacer política. Candidatos que no saben hablar, ni escribir escudados en una candidatura independiente según ellos del pueblo que se expresan de burda manera avergonzando la política centrada en las verdaderas necesidades de la ciudad.
Y entonces inevitablemente viene la nostalgia… porque quienes alcanzamos a ver a verdaderos gigantes de la política local sabemos que antes era distinto. Muy distinto.
Politicos serios de la talla de el Dr. Cobos, Humberto Acosta, Chuy Mario Flores, Elías Sergio Treviño, Claudio Bres, Ernesto Vela, entre otros personajes los cuales no me toco escuchar. Ellos podían tener diferencias ideológicas, partidos diferentes, enfrentarse con firmeza en la tribuna, pero jamás rebajaban la investidura ni la inteligencia de la gente con ridiculeces.
Aquellos políticos caminaban las calles con respeto, hablaban de proyectos, de trabajo, de visión para la ciudad. Amaban profundamente esta tierra y entendían que servir al pueblo era algo serio, no un concurso de popularidad ni una competencia de ocurrencias para las redes sociales.
Hoy, tristemente, pareciera que muchos creen que entre más escándalo hagan, más cerca están del triunfo. Y no. Lo único que logran es empobrecer todavía más la ya desgastada imagen de la política. Porque una cosa es ser cercano a la gente… y otra muy distinta convertir las campañas en un triste espectáculo que ofende a quienes alguna vez hicieron política con altura, con carácter y con verdadero amor por su ciudad.
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