Hace unos días fui a pescar al Río Bravo, antes de que ocurriera su reciente desbordamiento. No acostumbro hacerlo en esa zona de la ciudad, pues normalmente visito otros puntos del río, en ranchos de amigos y familiares. Para mí, salir a pescar en solitario es una de las mejores formas de disfrutar la tranquilidad y el contacto con la naturaleza.
En esta ocasión decidí acudir a la vega del río, cerca del campo de los Cougars, y lo que encontré fue verdaderamente desalentador. Basura por todas partes, llantas abandonadas, maleza, botellas y vidrios rotos. Un sitio que podría ser un espacio de convivencia familiar está convertido, lamentablemente, en un lugar que representa riesgos para quienes lo visitan.
Me llamó la atención ver que muchas personas acuden ahí a pescar. Vi parejas, familias e incluso niños disfrutando del río pescando. Precisamente por eso resulta aún más importante que ese espacio reciba la atención que merece.
Esa área también forma parte del municipio. Su limpieza, conservación y vigilancia son responsabilidades de la autoridad. No se trata únicamente de mantener una buena imagen de la ciudad, sino de ofrecer a los ciudadanos lugares seguros y dignos para convivir.
Antes de la crisis migratoria acostumbraba pescar del lado de Eagle Pass, justo frente al área de Venados. Era común ver patrullas realizando recorridos constantes por Shelby Park y observar un mantenimiento permanente de las áreas recreativas, donde cada tarde numerosas familias disfrutaban de la pesca y del río en un ambiente ordenado y limpio.
Hoy esa comparación resulta inevitable. Por ello decidí visitar el lado de Piedras Negras y, debo decirlo con sinceridad, la decepción fue grande.
Estoy convencido de que nuestra ciudad merece espacios públicos a la altura de su gente. Recuperar esa zona no requiere grandes discursos, sino voluntad, organización y trabajo constante. Sería una excelente oportunidad para demostrar que también los pequeños detalles hacen una gran diferencia en la calidad de vida de los nigropetenses.
Ojalá este comentario sea recibido como lo que pretende ser: una observación hecha con respeto y con el deseo genuino de ver una ciudad más limpia, más segura y más orgullosa de sus espacios naturales.
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