17 de septiembre de 2026

Así no se celebran unas Fiestas Patrias...

Las fiestas patrias son, antes que nada, una celebración familiar. Son días para reunirnos, para convivir, para recordar nuestra historia y, sobre todo, para transmitir a nuestros hijos y nietos el orgullo de ser mexicanos y el respeto por nuestra cultura y nuestras tradiciones.

Por eso mismo, considero que la autoridad tiene una responsabilidad muy importante: contribuir con todo su esfuerzo a que estas celebraciones sean dignas, alegres, seguras y, principalmente, familiares.


No se trata de cuestionar los gustos musicales de nadie. Cada quien es libre de escuchar y disfrutar la música que prefiera, y eso merece todo mi respeto. Se trata de entender que hay momentos, lugares y ocasiones para cada cosa.


Cuando un gobierno organiza una celebración con recursos públicos, y especialmente cuando se trata de las fiestas patrias, considero que debe procurar presentar espectáculos que enaltezcan nuestra cultura y nuestras tradiciones. Hay extraordinarios artistas del género ranchero, norteño y de tantos otros géneros de nuestra música popular que pueden ofrecer un espectáculo digno, alegre y apropiado para que lo disfrute una familia completa.


Lo que no me parece correcto —y lo digo con respeto, pero también con absoluta claridad— es que en una celebración de esta naturaleza se contrate a un artista cuyo espectáculo se caracteriza por el uso constante de lenguaje vulgar, expresiones ofensivas, gritos y palabras que resultan completamente inapropiadas para un evento al que acuden niños, mujeres, adultos mayores y familias enteras.


Y aquí es donde manifiesto mi molestia.


No creo que eso sea exaltar nuestras fiestas patrias. Creo, por el contrario, que las demerita.


En Piedras Negras tenemos una enorme tradición familiar. Somos una comunidad que sabe celebrar, que sabe divertirse y que tiene una identidad propia. No necesitamos recurrir a expresiones vulgares para hacer una fiesta alegre ni necesitamos confundir libertad de expresión con falta de respeto hacia quienes están escuchando.


Por supuesto que habrá personas a quienes les guste ese artista y ese tipo de música. Se respeta. También habrá quienes consideren que su lenguaje forma parte de su espectáculo. Se respeta igualmente.


Pero una cosa es que un artista utilice determinado lenguaje en un lugar donde su público voluntariamente acude a escucharlo, y otra muy distinta es que ese espectáculo sea presentado en una celebración pública, familiar y financiada con los impuestos de los ciudadanos.


Y me pregunto algo muy sencillo:


¿Realmente quienes decidieron contratarlo pensaron en las familias que estarían presentes? ¿Pensaron en los niños? ¿En nuestros adultos mayores? ¿En las damas que acudieron con sus familias? ¿Consideraron que aquello que puede resultar gracioso o divertido para algunos puede resultar ofensivo y desagradable para muchos otros?


Y más aún: quienes defienden ese lenguaje, ¿estarían igualmente de acuerdo en que sus propias madres, padres, esposas, hermanas, hijos y nietos estuvieran durante horas escuchando ese tipo de expresiones?


No lo pregunto para ofender a nadie. Lo pregunto porque la congruencia también debe formar parte del servicio público.


He apoyado y reconocido decisiones tomadas por esta administración municipal cuando considero que han sido acertadas. No tengo ningún inconveniente en reconocer lo que está bien cuando así lo considero.


Precisamente por eso, cuando algo me parece incorrecto, tampoco tengo por qué callarlo.


En este caso, rechazo totalmente la decisión de haber contratado un espectáculo de esas características para una celebración que debía ser, ante todo, familiar y representativa de nuestra identidad como mexicanos.


El dinero utilizado para organizar estas fiestas no pertenece a quienes gobiernan. Es dinero de los ciudadanos. Y cuando se utiliza dinero público, también debe existir responsabilidad para decidir qué clase de espectáculo se ofrece y ante qué público se presenta.


Las fiestas patrias deberían dejarnos orgullo, alegría y buenos recuerdos.


Nuestros hijos y nuestros nietos deberían recordar el Grito de Independencia por nuestra bandera, por nuestra música, por nuestra historia, por la convivencia con sus familias y por la alegría de ser mexicanos.


No por las palabras vulgares, los gritos y las expresiones ofensivas de un artista.


Se puede celebrar con alegría sin perder el respeto.

Se puede divertir a la gente sin recurrir a la vulgaridad.

Y se puede hacer una gran fiesta sin olvidar que, antes que nada, estamos celebrando a México.


Esa es mi opinión, expresada con respeto, pero también con la molestia que me provoca ver que una fecha tan nuestra, tan mexicana y tan familiar, pueda ser demeritada por una decisión que, sinceramente, considero desafortunada.

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