Todo parece transcurrir más despacio, con más calma, con ese aire provinciano que tanto nos gusta. Todo es más… ¿cómo les diré? ¡Más dulce! ¡Ándenles, así como las empanadas y los buñuelos de doña Simonita! ¡Así mero!
En esta época del año, el sol nos da de frente a quienes circulamos rumbo al poniente del pueblo por las calles de Allende, López Mateos, Fuente o Heroico Colegio Militar. Detrás de nosotros, el río Bravo corre sereno entre dos pueblos que se resisten a separar su cultura, sus costumbres y sus familias. Un río que la política convirtió en frontera, pero que la gente, con su cariño y su historia, se ha empeñado siempre en mantener como un lazo de unión.
Mientras tanto, las calles cobran vida. Nuestra gente hace sus compras, se prepara para las próximas fiestas del Vino, del Nacho, Accion de Gracias y alimenta esa ilusión tan nuestra de tener bajo el mismo techo a toda la familia, compartir la mesa y disfrutar largas veladas con los amigos.
¡Qué bonito es el otoño en Piedras Negras!
El cielo se viste de naranja cuando el sol comienza a despedirse, como si conspirara con las nubes para regalarnos sus últimos destellos antes de que la luna y las estrellas extiendan su manto sobre la ciudad.
Así luce el cielo de nuestra tierra cuando tardea por aquellos rumbos donde el carbón nace de las entrañas de la región; por donde la Modelo levantó su gran planta industrial, y allá donde las termoeléctricas generan, orgullosas, la energía que mueve parte de la vida de nuestro norte.
Son paisajes que hablan de trabajo, de esfuerzo y de esperanza. ¡Sí, señor! También en el horizonte se sienten los signos de la prosperidad de nuestro pueblo.
Es el paisaje norteño, con ese aroma inconfundible de la provincia mexicana, el que recibe con los brazos abiertos a quienes tenemos la fortuna de vivir aquí y a quienes, por una u otra razón, pasan por nuestra tierra.
Es ese ambiente cálido que se siente aun cuando la temperatura comienza a bajar; una calidez que huele a canela, a café recién hecho, a familia reunida. Un ambiente donde las historias y los recuerdos de otros tiempos vuelven a cobrar vida entre canciones, conversaciones interminables y, por qué no, una buena copa de tequila.
Cuando éramos estudiantes, soñábamos con regresar a Piedras Negras durante esta temporada. Y entonces me preguntaba por qué, si teníamos a nuestro alcance las comodidades, las diversiones y el movimiento de una gran ciudad, deseábamos tanto volver a nuestro pueblo.
En las puertas de nuestros cuartos colocábamos el calendario y tachábamos los días que faltaban para las vacaciones. Aquella cuenta regresiva parecía alargar las horas, los días, los meses, pero nosotros seguíamos alimentando la ilusión de regresar a casa, de abrazar a los nuestros y volver a sentirnos parte de todo aquello que nos esperaba.
Con el tiempo comprendí que la respuesta estaba en esa maravillosa amalgama de afectos, costumbres y valores que nuestras familias fueron construyendo en Piedras Negras. Una construcción hecha de amor familiar, respeto, amistad y de esa cercanía entre la gente que convierte un lugar en algo mucho más grande que un punto en el mapa.
Porque uno puede alejarse, conocer otros lugares, disfrutar otras ciudades y descubrir nuevos horizontes; pero hay algo que permanece intacto en el corazón: el deseo de volver al sitio donde aprendimos a querer, donde echamos raíces y donde tantos recuerdos siguen aguardándonos.
Por eso, no importa cuántos años pasen ni qué tan lejos nos lleve la vida. Cuando llega el otoño, algo se mueve dentro de nosotros y nos recuerda que hay una tierra a la que siempre queremos regresar.
¡Qué bonito es nuestro pueblo!
¡Qué bonita es nuestra gente!
Este otoño, cuando el sol pinte de naranja nuestro cielo y el aire fresco nos invite a compartir un café, una charla o un recuerdo, hagamos un espacio para los amigos, para la familia y para quienes vuelven después de mucho tiempo.
Vengan, amigos. Vuelvan a casa. Aquí los esperamos, con los brazos abiertos y el corazón contento.
¡Porque Piedras Negras no solo se lleva en la memoria… se lleva en el alma!

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