26 de septiembre de 2026

Jovenes Politicos… ¿para eso los queriamos?


Tanto que deseamos que se fueran los dinosaurios de la política. Tanto que nos cansamos de aquellos personajes que, después de ocupar una silla durante años, pretendían seguir mandando y gobernando desde las sombras, moviendo los hilos y tomando decisiones a espaldas de los ciudadanos.

Queríamos sangre nueva.

Queríamos jóvenes.

Queríamos profesionistas preparados, con energía, con ideas nuevas, con conocimientos adquiridos en las aulas de universidades prestigiadas o con el ejemplo de sus padres, abuelos o familiares que alguna vez sirvieron a nuestra comunidad.

Queríamos que esa juventud llegara a la política para transformar, para construir y para hacer crecer todavía más a una ciudad pujante como Piedras Negras.

Y sí… la juventud llegó.

Hemos visto pasar por la política local a personajes jovenes como Claudio Bres, Fernando Purón, Óscar Lopez, Sonia Villarreal, Raúl Vela, Norma Treviño y, actualmente, Carlos Jacobo Rodríguez, así como jovenes diputados locales y federales como Memo Ruiz, y en su momento Beto García Reyes y muchos otros jóvenes que llegaron a ser funcionarios con la esperanza de aportar algo a nuestra ciudad.

Y eso era precisamente lo que esperábamos de ellos.

Que unieran esfuerzos con la industria, el comercio, la ciudadanía y los distintos sectores de nuestra comunidad.

Que su energía se gastara en construir.

Que sus conocimientos se utilizaran para resolver problemas.

Que sus diferencias políticas sirvieran para discutir ideas y encontrar mejores caminos.

Pero no.

Lo que estamos viendo últimamente es otra cosa.

Y francamente, da coraje.

Porque las diferencias políticas son normales. ¡Claro que deben existir! Una democracia sin diferencias sería una democracia muerta.

Lo que no es normal, ni sano, ni mucho menos productivo, es que esas diferencias terminen convertidas en ofensas, descalificaciones, ataques personales y pleitos públicos.

Y aquí también hay que decirlo: una parte de la prensa, en lugar de contribuir a tranquilizar los ánimos y propiciar el diálogo, parece empeñada en echarle más leña a la lumbre.

Y no solamente leña.

¡A veces hasta gasolina!

Porque el pleito vende.

El escándalo vende.

El chisme vende.

La declaración incendiaria vende.

Y mientras más grande sea la bronca, más gente entra a verla.

Piedras Negras termina convirtiéndose en una especie de ring político donde todos estamos esperando el siguiente golpe.

¿Qué dijo Memo?

¿Qué contestó Carlos Jacobo?

¿Qué dijo Sonia?

¿Quién atacó primero?

¿Quién respondió?

¿A quién ofendieron?

¿Quién salió a defenderse?

Y así nos pasamos los días.

¡Caramba!

¿De verdad eso es lo que queremos para nuestra ciudad?

¿De verdad queremos que nuestros jóvenes políticos sean noticia porque se insultaron, se descalificaron o se pelearon frente a un micrófono?

¿Eso es lo que esperábamos cuando pedíamos que llegara sangre nueva a la política?

¡Muchos de nosotros no!

Nosotros queríamos jóvenes profesionistas de la política.

Jóvenes preparados.

Jóvenes con visión.

Jóvenes que entendieran que ocupar un cargo público no es un premio, ni un escenario para alimentar egos, sino una enorme responsabilidad.

Queríamos que su energía se gastara recorriendo colonias, buscando inversiones, resolviendo problemas, gestionando recursos, apoyando a nuestros empresarios, atendiendo a los ciudadanos y pensando en el futuro de nuestros hijos y nuestros nietos.

No que su energía se desperdiciara en contestar una agresión con otra.

No que utilizaran las mañaneras, las sesiones de Cabildo, las entrevistas y ahora las redes sociales como trincheras para continuar una pelea que, sinceramente, a los ciudadanos de bien nos importa muchísimo menos de lo que ellos creen.

Piedras Negras tiene problemas.

Tiene necesidades.

Tiene proyectos pendientes.

Tiene una industria que cuidar, un comercio que fortalecer, infraestructura que mejorar y ciudadanos que esperan resultados.

Hay muchísimo por hacer.

¡Muchísimo!

Entonces, ¿qué demonios estamos haciendo perdiendo tiempo en pleitos personales?

Y aquí también nosotros, los ciudadanos y los medios, tenemos una responsabilidad.

Porque mientras sigamos consumiendo el chisme como si fuera la noticia más importante del día, mientras celebremos cada insulto y cada descalificación, mientras compartamos con entusiasmo cada pleito político, estaremos contribuyendo a que esto continúe.

El morbo también es combustible.

Y nosotros se lo estamos poniendo al fuego.

Piedras Negras es una ciudad pequeña. Nos conocemos. Nuestros hijos estudian juntos, nuestros nietos juegan juntos, convivimos en los mismos lugares y, al final del día, todos queremos exactamente lo mismo: que nuestra ciudad esté mejor.

Por eso les digo a nuestros jóvenes políticos:

¡Ya basta!

Discutan.

Debatan.

Contradigan.

Defiendan sus ideas.

Señalen lo que consideren incorrecto.

Pero háganlo con argumentos, con inteligencia, con respeto y, sobre todo, con altura de miras.

Porque ustedes no llegaron a la política para convertirse en protagonistas de un pleito.

Llegaron —o eso esperamos— para servir.

Queríamos que llegaran jóvenes a la política, sí.

Pero queríamos jóvenes políticos de verdad.

Jóvenes que entendieran que la política no es una pelea de verduleros frente a las cámaras, los micrófonos y los celulares.

Queríamos políticos que nos hicieran sentir orgullosos de haberles abierto la puerta.

Porque, señores, se los digo con todo respeto, pero también con todo el enojo que me provoca ver lo que está pasando:

Estamos a punto de convertir nuestra política en una vergüenza.

Y si seguimos por este camino…

lo están logrando.

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