Una bendición que nos arruga el alma
Ver llover en nuestro pueblo no debería ser sinónimo de peligro. En Piedras Negras, la lluvia tendría que ser motivo de alegría, de tranquilidad, de recuerdos y de esperanza. Debería invitarnos a mirar por la ventana, respirar profundamente y dejar que la nostalgia nos lleve de la mano por los caminos de nuestra memoria.
Estos días nublados nos han regalado ese clima tan nuestro, tan característico del norte de Coahuila, que nos transporta a la niñez y a la juventud; a los días compartidos con nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros primos y nuestros amigos. A aquellas épocas en las que bastaba escuchar la lluvia para sentir que algo bonito estaba sucediendo.
¡Qué hermoso sería poder disfrutarla sin preocupaciones! Sin temor a que las calles se conviertan en ríos, los arroyos se desborden y las inundaciones pongan en peligro el patrimonio y la tranquilidad de tantas familias.
Piedras Negras es una ciudad hermosa, con problemas, sí, muchos de ellos consecuencia de nuestra geografía y de la falta de atención de quienes tienen la responsabilidad de gobernarnos. Sin embargo, aquí seguimos, saliendo adelante con esfuerzo, con trabajo y, sobre todo, con ese cariño profundo que sentimos por nuestra tierra y por nuestra gente.
Porque quienes amamos este rincón del norte de Coahuila sabemos encontrar belleza hasta en los días grises. Sabemos que detrás de las nubes hay recuerdos que nos hacen sonreír, añoranzas que nos estremecen y sentimientos que nos recuerdan por qué queremos tanto a nuestra ciudad.
Hoy está cayendo un aguacero en Piedras Negras. ¡Bendito sea Dios! ¡Cuánta falta nos hacía esta agua! Es una bendición para el campo, para la tierra sedienta y para una región acostumbrada a los calores extremos, donde el sol parece empeñado en recordarnos su fuerza.
Y aunque sabemos lo que puede suceder cuando llueve de esta manera, también sabemos que nuestras autoridades tienen la obligación de prevenir, atender y resolver los problemas que ponen en riesgo a nuestra gente. No podemos acostumbrarnos a vivir con miedo cada vez que el cielo decide regalarnos agua.
Ojalá algún día podamos disfrutar de estas lluvias sin angustias, sin incertidumbre y sin tener que preocuparnos por lo que ocurrirá unas horas después.
Mientras tanto, desde nuestra querida Piedras Negras, demos gracias a Dios. Agradezcamos el agua que refresca nuestra tierra, que alimenta nuestros campos y que nos devuelve la esperanza. Agradezcamos también esos momentos que nos permiten detener el paso, mirar al cielo y recordar a quienes caminaron junto a nosotros en otros tiempos.
Porque hay lluvias que no solamente mojan las calles: también humedecen los recuerdos, despiertan la nostalgia y nos hacen sentir más cerca de nuestras raíces.
Y es entonces cuando se nos arruga el alma, pero de gusto; cuando se nos llena el corazón de alegría y comprendemos que, a pesar de los problemas, seguimos teniendo motivos para sentirnos orgullosos de nuestra tierra.
¡Bendita lluvia! ¡Bendito Dios que nos la manda!
Que siga lloviendo sobre nuestros campos, nuestras calles y nuestros recuerdos. Y que nunca nos falten la esperanza, el amor por Piedras Negras y la capacidad de agradecer las bendiciones que la vida nos regala.
Porque quienes hemos aprendido a querer esta tierra sabemos que, aun después de la sequía más larga, siempre esperamos con ilusión que vuelvan las lluvias.
Y hoy, mientras escuchamos caer el agua, no queda más que mirar al cielo y decir, con el corazón agradecido:
¡Gracias, Dios mío, por esta lluvia y por permitirme seguir disfrutando de mi querido Piedras Negras!

No hay comentarios.:
Publicar un comentario