12 de septiembre de 2007

El Criterio....


El criterio se evapora cuando inundado de alcohol se encuentra el cerebro.

Los falsos amigos se reúnen en horas de lujuria social, hablando de todo y de nada al mismo tiempo con la inconsciencia invitada de madrina. Al paso de las horas, unos calladamente se retiran cuando su deteriorada responsabilidad les avisa, borracha de gritos, humo y alcohol a su solitaria y aporreada neurona, que es tiempo ya de irse o lo lleven, que ya está bueno de vergüenzas y que por ésta ocasión, el sueño gana. Se quedarán con él, únicamente los inconcientes del cerebro y activos de la voz, la cual hacen retumbar para demostrar que están pero no existen, muriéndose trago tras trago, mentira tras mentira.

El humo de los cigarros se encela. Quiere participar en la masacre inclusive de los inocentes. El humo del cigarro es, como muchos de ellos, mala leche. Porque si el alcohol mata al que con el se atraganta, el humo es un depredador que no respeta inocentes.

El criterio se queda solo volteando para todos lados, abandonado. No puede compartir mientras su dueño esta ocupado escuchando y diciendo mentiras que solamente el se cree. Los otros están ocupados, pero los huérfanos han sido desplazados por el alcohol quien ahora es el que manda y mientras el esté en la sangre, no los dejara entrar hasta el otro día… si bien le va.

Por ahí anda a la conciencia sola también. Esa vieja remilgosa que se queja a diario de que nunca le hace caso y a punto esta del divorcio, pero que después de pensarla un poco, prefiere seguir empañada y maltratada hasta que la cirrosis llegue al jaque. Juntos el criterio y la conciencia platican sus penas sabiendo que algún día no muy lejano su dueño se ira, aunque los genes se empeñen en decir lo contrario.

En estas fechas la cobardía es la consentida. Y como no, si es intima del alcohol que hasta dicen que tienen amoríos. Que envidia, dicen “aquellas” que fueron engañadas durante las sesiones semanales de alabanzas y de las hipócritas visitas a los templos despabilándose asustadas por los tremendos trancazos que se infringía cada domingo traducidos como golpes de pecho que hasta los vitrales de la iglesia movía y los candelabros tronaban como si estuviera pasando un trailer.

Que tristes se ven los viejos cirios. Que callada y tenue luz entra por los vitrales de la iglesia. Cuanta gente vino al sepelio. Se nota que tenía muchos amigos. Malos, pero muchos. Seguramente era “de la alta” según el y su familia que le seguía el juego para que no se enojara.

El se fue cuando se suponía que se debería ir, dejando viudos a la conciencia y al criterio. Dicen las lenguas que quedaron de “muy buen ver”….. me imagino que si, porque nunca les dio uso.

Nos Vemos....

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