Doña Yola se fue en paz, rodeada de quienes la quisimos, la respetamos y le agradecimos una vida sembrada de valores: respeto, amor, paciencia, cariño y disciplina. En su despedida estuvo acompañada por sus hijos, sus nietos, por sus hermanas, sus cuñados, sus sobrinos y por tantas personas que la apreciaron profundamente y que, a través de ella, también mostraron su cariño a toda nuestra familia.
La familia Zacarías González está profundamente agradecida con cada persona que nos acompañó en la misa, así como con todos y cada uno de los mensajes que mis hermanos y yo recibimos. Cada palabra, cada gesto, cada muestra de afecto nos reconfortó el alma en momentos de tanta tristeza.
Agradezco de manera muy especial a mis amigos doctores que estuvieron al lado de mi mamá hasta el final de sus días. Algunos de ellos no solo ejercieron su profesión con ética y compromiso, sino que también supieron estar presentes como seres humanos: atentos, sensibles, dispuestos a sugerir, a recomendar y, sobre todo, a abrazar cuando más se necesitaba.
A mis amigos, no me queda más que expresarles mi gratitud por sus atenciones y por las condolencias que todos nosotros recibimos. Las valoramos infinitamente.
Las despedidas siempre son tristes. Perder a una madre duele en lo más profundo del alma. Perder a nuestros padres, que ya no están aquí físicamente, deja un vacío imposible de llenar. Sin embargo, estoy completamente seguro de que ahora están en un lugar mejor y que, desde ahí, seguirán guiándonos con su ejemplo el resto de nuestras vidas.
Después de llevar las cenizas de mi mamá al panteón, recibí abrazos fraternales de amigos y compañeros de trabajo. Los atesoro con el corazón. Más tarde regresamos a la casa de mi mamá y ahi, en familia, comenzaron a brotar los recuerdos: las anécdotas, los dichos, su manera tan particular de decir las cosas. Entre lágrimas también hubo sonrisas, carcajadas sinceras al recordar sus aventuras, sus travesuras y su forma tan entrañable de ser, especialmente con sus nietos.
Los nietos estaban encantados, rodeados de tíos, papás, tías abuelas. Fue un día entero de conversación, de memorias compartidas. Los primos estuvieron felices recordando a la abuela. Amigos cercanos llegaron con buñuelos, hojarascas, café y pequeños detalles que se quedaron grabados como gestos de cariño y acompañamiento.
Aunque la reunión nació desde la tristeza, nos llenó de alegría ver a los primos convivir, hacer planes para seguir viéndose en Saltillo, en San Antonio, en Dallas o en cualquier otro lugar. Para nosotros, los adultos, fue profundamente reconfortante ver que la llama de la familia sigue viva, que los lazos permanecen fuertes y que el amor continúa pasando de generación en generación.
La familia es primero, siempre. Pero los amigos también ocupan un lugar muy importante en nuestros corazones. No puedo dejar de mencionar al doctor Gabriel González Guajardo y al licenciado Eduardo Bres Guadiana. Para nosotros fueron un apoyo invaluable. Gabriel atendió a mi mamá como si fuera la suya. Estuvo presente incluso cuando yo no podía estar. La acompañó con un cariño y una entrega que nunca olvidaré. Gabi y Waly muchas gracias! No me cansaré jamás de agradecerles.
Hay todavía muchas cosas que decir y muchos recuerdos por atesorar. Claro que hay tristeza, claro que hay lágrimas por la partida de mamá. Pero también hay esperanza, añoranza y el firme deseo de que la familia siga creciendo y de que los lazos de unión entre nosotros se fortalezcan cada día más.