Siempre me ha gustado escribir. Lo hago desde hace muchos años en mi blog que abajo les comparto y últimamente los nuevos artículos los comparto en Facebook. Y como sucede con cualquier pasatiempo que disfrutamos, hay días en que la inspiración simplemente no aparece. Uno quiere escribir, quiere compartir algo, pero por más que le busca… ¡el tema no llega! Y es una desesperación tremenda.
Entonces recurro a los recuerdos.
En algún rincón del corazón, en alguna foto antigua, en la única neurona que aun queda y cuido, en alguna comentario de ustedes, siempre surge como pompa de jabón (como decía Serrat), una historia guardada, una anécdota, un personaje, una aventura o simplemente algo que nos haga sonreír, recordar o, por qué no, recapacitar.
Cuando comencé a escribir, allá por Octubre del 2005, mis artículos eran apenas ideas, comentarios y ocurrencias. Pero, como sucede en cualquier actividad, deporte o pasatiempo que nos gusta, con el tiempo uno va aprendiendo, agarrando experiencia y tratando de pulir un poquito más lo que hace.
Buenos amigos blogueros me inspiraron a escribir. Tal es el caso de la doctora Maqueo, la profesora Josefina Sanchez, la señora Toñeta de Hoyos y mi amigo Mando Castro a quienes siempre agradeceré sus recomendaciones, comentarios y opiniones.
Fíjense que cuando no encuentro de qué escribir, muchas veces me pongo a leer los comentarios que ustedes han dejado en mis artículos anteriores y me inspiran.
La mayoría son palabras de agradecimiento, felicitaciones y buenos deseos, y créanme que los valoro muchísimo. Pero hay otros comentarios que, para mí, tienen un valor todavía más especial: aquellos que me dan una idea, me recuerdan algún detalle o simplemente me hacen pensar: “Bueno… hay que seguir escribiendo.”
Eso me ha sucedido muchas veces cuando escribo sobre recuerdos y aventuras que compartimos con amigos.
Me sucedió cuando escribí de don Rodolfo Martinez, de don Arturo Rodriguez, del Señor de los Conitos, de don Rodolfo de los Santos y últimamente lo que escribí sobre Reynold, ya que tuve que consultar algunos detalles con quienes vivimos aquellas historias. Entre todos vamos armando el rompecabezas de los recuerdos y, al final, sale un artículo quizá un poquito largo —bueno, a veces bastante largo—, pero escrito con enorme gusto.
Y cuando leo sus comentarios sobre esos recuerdos, me da una enorme alegría. Me hacen recordar que valió la pena escribirlos y, sobre todo, me animan a seguir compartiéndolos con ustedes.
Oigan; pero también escribo sobre política. Eso también me gusta mucho.
Me gusta expresar mi opinión, criticar cuando considero que hay algo que criticar, pero también reconocer y felicitar cuando alguien hace las cosas bien. Y aquí quiero ser muy claro:
Me encantan, valoro y analizo las opiniones diferentes a la mía.
De eso se trata precisamente una conversación. Podemos pensar distinto, podemos estar en desacuerdo y podemos defender nuestras ideas. Eso es perfectamente válido y siempre será bienvenido en este espacio. Es mas; se los pido.
Lo que no voy a aceptar jamás son las ofensas, las agresiones y mucho menos las malas palabras.
Porque miren; a esta edad esas ofensas a mí no me hieren, al contrario, nomas me confirman que ciertos individuos y una parte de nuestra sociedad, están podridos de corazón, vida y mente… y para eso amigos, no hay cura.
Mi cuenta está abierta y cualquier persona puede expresar su opinión. Pero cuando alguien cruza esa línea y convierte una opinión en un ataque personal, para mí el asunto es muy sencillo: elimino el comentario y bloqueo a la persona. Simple!
Y no pasa nada.
No voy a desgastarme discutiendo, ni quiero que quienes me leen tengan que soportar una serie de palabras malsonantes que no aportan absolutamente nada a la conversación.
Así que, las críticas son bienvenidas. Las opiniones diferentes son bienvenidas. Los desacuerdos son bienvenidos.
La falta de respeto, no.
Y eso no va a cambiar.
Gracias por la paciencia, porque reconozco que algunas veces me extiendo más de la cuenta tratando de explicar un recuerdo, una historia o una opinión.
Gracias por leerme.
Gracias por comentar.
Gracias por recordar conmigo.
Y gracias, sobre todo, por darme ese pequeño empujón que muchas veces necesito para sentarme nuevamente frente a la computadora y decir: “A ver… ¿de qué vamos a escribir hoy?”
Por aquí vamos a seguir.
Si gustan acompañarme, les dejo la liga de mi blog
https://pensandoenletras.blogspot.com donde encontraran todo lo que he escrito en todos estos años. Ahí están muchas de estas historias, recuerdos, opiniones y ocurrencias que he ido acumulando.
Y como siempre…
¡Nos seguimos leyendo!
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