13 de noviembre de 2025

La Termo…

Por: Javier Zacarías 


Gabriel Patrón me enviaba fotografías extraordinarias… imágenes que parecieran tener alma propia. En el mismo punto donde, en 1954, un fotógrafo capturó con su cámara el drama de aquella sorpresiva inundación, se colocó mi buen amigo “El Muerto” para retratar la actualidad de nuestro pueblo. Esa sensibilidad suya —siempre a flor de piel— es un tesoro que se agradece y que honra la memoria de nuestro pasado.

Gabriel no solo es un fotógrafo de gran calidad; es un caballero de los que ya casi no hay, un hombre que nunca olvida regalar un saludo afectuoso para mis padres cuando nos cruzamos por ahí. Formó parte de aquel grupo selecto que participó en la construcción de la Central Termoeléctrica Río Escondido, dejando una huella silenciosa, pero profunda, en la historia de nuestra región. Su trabajo, testigo fiel del esfuerzo de nuestra gente, ha quedado sembrado en exposiciones y paredes de oficinas donde la historia aún se escribe día con día.

Además, como no reconocérselo, Gabriel fue el fotógrafo de mi boda. Con su maestría artística y su mirada única, capturó uno de los momentos más importantes de mi vida. Y por eso, y por cientos de detalles más, le guardo una gratitud que nunca se agota.

Las imágenes que me comparte Gabriel vienen cargadas de recuerdos que creí dormidos. Me regresan a esa época de la construcción de la Central Termoeléctrica Río Escondido de CFE: una etapa que marcó mi vida y me hizo crecer.

Aparecen en mi memoria personajes que me tendieron la mano, que confiaron en mí cuando aún era un desconocido. El Ing. Arturo Ramos Palencia, veracruzano de carácter firme y palabras muy suyas, me abrió las puertas gracias a la recomendación del Lic. Rolando Tamayo. A Rolando le debo un agradecimiento profundo y eterno: él creyó en mí cuando apenas comenzaba. Ese voto de confianza se volvió mi bandera y mi motor.

Con el tiempo, el Ing. Ramos Palencia, jefe exigente y muy duro, se convirtió en un buen amigo de los que la vida regala pocas veces y que el corazón conserva para siempre. Seguramente el cielo lo disfruta tanto como lo hice yo.

También guardo un cariño inmenso por el Ing. José Félix Gándara. Él fue quien me empujó más lejos, quien me enseñó a volar sin miedo en el mundo de la administración, con disciplina y determinación. Espero de corazón haber estado a la altura de la confianza que me brindó. Gracias hasta el cielo inge.

Ya en la etapa de Operación, el Ing. Alejandro Hernández me dio el impulso definitivo. Sin su apoyo y su guía, mi paso por la CFE jamás habría sido el mismo. Fue un gran jefe, pero sobre todo, un gran hombre. Me regaló su confianza y, mientras yo viva, le estaré sumamente agradecido hasta el cielo donde de seguro está.

El Ing. Fortino Bermea fue primero compañero, y luego jefe. Su don de gente, tan propio de las tierras de esta región, aun lo distinguen. Todos lo queremos y respetamos. De él aprendí la importancia de la prudencia, del respeto y del trato humano. Su carácter amable y tranquilo le ganó el cariño de todos los que colaboramos a su lado. Un abrazo siempre fuerte inge. 

El Ing. Carlos Echeverría Faundes es, simplemente, mi amigo. Me inculcó la responsabilidad del cargo, la seriedad y, sobre todo, la ecuanimidad. Mi aprecio por él va mucho más allá del trabajo que nos unió. Lo valoro como es: sincero, franco, de palabra firme.

Y finalmente, el Ing. Alberto Garza. Hombre estricto, trabajador incansable y tenaz como la gente del norte. Su liderazgo llevó nuestra Central a los más altos índices de producción nacional. Nada se le escapaba. Supo rodearse de colaboradores leales, formando un equipo que hizo historia. Pocos como él.

Creo firmemente que todos esos valores —la confianza, la oportunidad, el amor por la tierra— deben seguir vivos en nuestra comunidad para que nuestros jóvenes no tengan que alejarse del pueblo para encontrar un futuro digno.

Que aquí, en casa, puedan construir sueños, formar familia, echar raíces.

Porque la fortaleza de un pueblo se escribe en los afectos.

En los brazos que esperan cada noche.

En la mesa donde la familia se reúne.

En la tierra que nos vio nacer y crecer.

Piedras Negras merece seguir en pie… con honor, con respeto, con orgullo de los nuestros. Una comunidad sólida, donde nadie venga a aprovecharse del trabajo ajeno ni a sembrar daño.

Tenemos que luchar —todos juntos— para que nuestros muchachos se queden aqui. Para que florezcan aquí, con el apoyo de nuestras universidades, nuestras empresas, nuestra gente.

Para que los hijos de nuestros hijos corran por estas calles, sintiendo siempre el calor de la familia.

Porque solos, no pueden.

Pero tampoco nosotros podremos sin ellos.

Quienes hoy tienen la oportunidad de dar empleo, de dirigir, de decidir, también tienen la responsabilidad de mirar primero a la gente de Piedras Negras.

A la gente que ha hecho este lugar lo que es.

No se trata de discursos bonitos ni de entrevistas para la foto.

Se trata de compromiso.

De raíces.

De amor por nuestro Piedras Negras.

Que así sea.

Y que nunca se nos olvide.


#CFE

#GRPN

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