1 de noviembre de 2025

Vamos a Leer

Por: Javier Zacarias


Después de lo que fui testigo en una iglesia de la localidad, donde se celebraron las confirmaciones, yo también quiero confirmar algo. Confirmo mi convicción de que si fomentamos el gusto por la lectura en los niños, les estaremos regalando una de las herramientas más valiosas para su vida.

Entre los nervios y la solemnidad del momento en la iglesia, escuché a varios pequeños leer “atoníto” en lugar de atónito y “para-bola” por parábola. Cosas así pasan, se entiende porque son niños. Pero lo que más me sorprendió fue cuando un lector adulto leyó sobre “una carta enviada por un apóstol a los coreanitos”. Y uno se pregunta: ¿por qué se equivocan tanto? Muy sencillo: porque no conocen el significado de lo que leen. Y ojo, los niños no tienen la culpa. Ellos hacen lo que les piden. La responsabilidad está en quienes los ponen a leer en público sin la preparación adecuada… y también en los maestros y, sobre todo, sobre todo, en nosotros como padres por no inculcarles a tiempo el valor de la lectura.

Este es un llamado urgente para todos: ¿cómo queremos que nuestros hijos hablen y escriban bien si no leen? Como dice el Dr. César Lozano: ¿Cómo quieren que salga algo bueno de la boca si no le han metido nada a la cabeza? Es una realidad que muchos chavitos batallan incluso para leer en voz baja, y más aún frente a los demás. Es un problema social que no podemos ignorar.

Cuando a un niño le nace el gusto por leer, nace también un hábito que lo acompañará siempre. Y un buen lector se forma a partir de sus intereses personales: cómics, cuentos, deportes, animales… lo que sea que les despierte curiosidad puede ser el inicio.

Hay muchos caminos para que un niño se acerque a los libros: tenerlos a la mano en casa, ver a los papás leyendo, una maestra apasionada, o los cuentos que les leen los abuelos antes de dormir. Todo suma.

Pero es clave respetar lo que les gusta. Escuchar sus intereses, sus sueños y hasta sus miedos. Así podemos recomendarles libros que realmente los enganchen. Y si aún no saben qué les gusta, hay que ofrecerles opciones con calma, sin presionarlos. Darles tiempo para hojear, mirar dibujos y descubrir qué libro les hace clic.

Porque si los obligamos, si lo ven como castigo, entonces el rechazo no será hacia quien los presiona… será hacia los libros. Y ahí perdemos todos.

Cada niño es único y tiene su propio camino lector. No impongamos nuestros gustos. Dejemos que ellos elijan y celebremos esa libertad. Esa sensación de “este libro me gusta” es la chispa que enciende el hábito.

Hoy uno de los grandes dramas es que nuestros niños casi no tienen tiempo libre. Como padres queremos que aprendan de todo (karate, ballet, piano, danzas…) y además las tareas los traen agobiados. Así es difícil que tengan espacio para soñar.

Los libros pueden ser esa ventana que se abre a nuevos mundos. Una oportunidad para que la imaginación respire y florezca. Para que descubran intereses, se conozcan a sí mismos y crezcan felices.

Fomentar la lectura no es un lujo. Es un acto de amor.

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